Mi abuelo materno fue prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Al volver a los Estados Unidos después de catorce meses en un campo de concentración alemán, se continuó la vida por asistir a la Universidad Baylor. Gracias a la ayuda de su esposa, pudo cumplir los papeles de marido, padre, estudiante y trabajador. La mayor hija de sus tres hijos se casó cuando tuvo sólo diecinueve años. Ella asistió a algunas clases pero tuvo que seguir la carrera del marido. A pesar de no tener la educación universitaria, tengo la mejor madre del mundo. Se divorció y se casó para la última vez con mi padre. Él no terminó con la universidad tampoco pero, al mismo tiempo, recibió el certificado oficial para ser cerrajero. Hoy tenemos una tienda en que él, mi madre, y los abuelos paternos trabajan cada día. Como mi hermano y hermana, voy a graduarme de la universidad. Sin embargo, no deseo hacer lo mismo de mis hermanos y, por eso, voy a estudiar aun más para cumplir mi sueño de ser profesora de español.
Todo esto es un ejemplo perfecto de lo que se refiere el mundo como en inglés “the American dream” o, en español, el sueño de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, esto define la fortuna americana y, además, humana. Cada ser humano tiene el poder para subir dentro de la sociedad y recibir una educación y cumplir lo que desea. Sin embargo, el pobrecillo Lazarillo no tiene la suerte de vivir durante nuestra época y debe sufrir la fortuna en que nació.
Wednesday, October 1, 2008
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