
Al mirar a la derecha de la ventana donde ni veo la tierra ni la vida terrena, pregunto la razón por la fascinación increíble de los ángeles y todo que la sociedad se asocia con ellos. Ahora, fuera de la ventana pequeñita del avión, hay un mar de nubes sin interrupción. Sólo puedo ver nubes, nubes y aun más nubes. Lo que me fascina más de estas nubes y los ángeles que “viven” en este terreno es la falta de vida mamífera. No hay ningún pájaro. No hay ninguna rama para señalar la vida de plantas. No hay nada para representar la vida sino el aire que no es visible a los ojos. Hemos penetrado el espacio sideral y, al mismo tiempo, estudiamos las estrellas, los planetas, y todas las ciencias que abundan dentro de este mundo sideral. ¿Cuándo vamos a invadir este cielo donde descansan las nubes sin interrupción salvo estos aviones? ¡Pues bien! Ya hemos penetrado este paraíso de esta manera mínima con estos pájaros mecánicos. Espero que nunca podamos destruir este santuario por crear la posibilidad de vivir arriba como en la película juvenil que se llama “Wall-E.” En realidad, esta película es una buena obra para avisar a los adultos que nuestras acciones pocas económicas producen efectos malos en este mundo que nos da todo.
Tal vez estos aviones con las alas enormes y rígidas sin plumas sean los ángeles de este santuario entre el Cielo y la tierra firme.
Tal vez estos aviones con las alas enormes y rígidas sin plumas sean los ángeles de este santuario entre el Cielo y la tierra firme.
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