Wednesday, September 24, 2008

Hambre


Fue una noche oscura en que los amantes sólo desearon comer y salir cuando el mesero les pidió, “¿Qué necesitan Uds.?” Inmediatamente el amante, como costumbre, pidió vino y camarones para comenzar. Sin embargo, el mesero no salió para cumplir el pedido sino le preguntó al amante, “¿Qué tipo de vino prefiere y cómo prefiere los camarones?” Al no comprender, el amante le preguntó, “¿Qué?” Con gran paciencia, el mesero les dio el menú de vinos y les explicó que los camarones pudieron ser cocinados o no cocinados, fritos o no fritos, asados o no asados, con salsa o sin salsa. El amante, ahora mismo enojadísimo, se levantó y le gritó al mesero, “¡NO me importa como preparar los camarones! ¡Solamente quiero comerlos antes de yo tengo ochenta años!” Como si fuera el mejor mesero del mundo, el mesero le calmó al amante y le pidió, “Sí señor, yo los traigo como yo los prefiero.” Después de unos pocos minutos, el mesero les sirvió los camarones preparados perfectamente con una salsa sabrosa. Mientras todo pasó bien, los dos faltaron el vino y, por eso, otra vez ahora más amable, el amante le pidió el vino. A esto el mesero le preguntó, “¿Qué tipo de vino prefiere?” Le respondió, “Por supuesto, el blanco con los mariscos.” “Bien, ¿Cuál?,” le preguntó el mesero. Antes de pudo levantarse y gritar al mesero otra vez, el mesero le informó, “Hay el dulce, el saco, el ligero, el denso, el nuevo, el añejo, y el que paga gota por gota.” “¡Tantas posibilidades!,” se rió el amante, “Deseo el mejor – el vino que paga gota por gota.”

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